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En
una primera lectura, el texto de El enemigo de la clase
nos habla ya de muchas cosas: nos habla de la ineficacia
de los sistemas educativos en vigor, de la violencia
de una juventud insatisfecha, de la falta de estímulos
de los adolescentes y, al mismo tiempo, de la imperiosa
necesidad que tienen de ellos y, por supuesto, de la
soledad y de las innumerables demandas reclamando atención
que pasan desapercibidas para los adultos. Pero yo creo
que además de una profunda denuncia social, es
un retrato de la sociedad oprimida hecho a través
de seis adolescentes que están pidiendo a gritos
que se les muestre un camino. Seis patologías
distintas. Seis futuros adultos que utilizarán
la violencia en sus relaciones personales y en su relación
con el mundo.
Seis hombres que no sabrán cómo gestionar
su agresividad. ¿De dónde vienen? ¿Adónde
van? Los conocemos en un momento crucial de sus vidas.
Compartimos con ellos 80 minutos de las nuestras. Mi deseo
al dirigir esta obra y al mismo tiempo mi reto es saber
hacer aflorar a la superficie sus debilidades, sus miedos,
sus frustraciones, el dolor que guardan en sus corazones
y que esconden cada uno bajo una coraza distinta. Les quiero
ya antes de conocerles. Quiero reírme con ellos,
jugar con ellos, buscar juntos los hilos invisibles que
les unen, las relaciones de poder que establecen. Espero
no dejar a nadie indiferente y conseguir que esos seis
muchachos dejen una huella indeleble en todos aquellos
que vean esta obra.
Marta Angelat |
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